El compromiso misionero de América Latina

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Signos indicadores

En este momento histórico, cuando en Europa se habla de recristianización y en América Latina se hace cada vez más urgente una Nueva Evangelización, con un llamado cada vez más intenso, a abrirse a la misión universal.

En América Latina, aún está vivo el recuerdo de la celebración de los 500 de evangelización, celebración que se convirtió en un profundo llamado a ser misionera. Ya debemos pasar de ser simplemente receptores a compartir la fe con otros pueblos.

La manera como tradicionalmente se ha hecho la evangelización entre nosotros ha producido un cristianismo pasivo, dependiente, el cual requiere ser reactivado con el “nuevo ardor misionero” propio del espíritu de Pentecostés.

Se hace urgente frenar el decaimiento cristiano producido por una fe narcisista. El fuego se encierra se asfixia. La iglesia que solo se busca a sí misma se anquilosa, se vuelve sectaria, se problematiza.

Signos indicadores externos

Desde el punto de vista geográfico, América Latina es puente entre el occidente cristiano y el tercer mundo.

En el proceso de la modernización se hace evidente que el peso del catolicismo se ha desplazado del norte al sur.

De igual forma en el campo de las relaciones internacionales el eje geopolítico se traslada del Atlántico al Pacífico.

El decaimiento del vigor misionero de las naciones tradicionalmente misioneras y el nuevo tipo de misión que hoy se impone, estimulan el nuevo ardor que América Latina pretende imprimirle a la praxis misionera.

La crisis del colonialismo ha llevado a muchos países de Asia y de África a rechazar a los misioneros provenientes de las potencias colonizadoras.  Quedan así muchos espacios vacíos para quienes, en su calidad de pobres y sin pretensiones políticas, quieren compartir con otros pobres la incomparable riqueza de su fe.

El florecimiento de vocaciones en América Latina y la certeza de que aumentarán en la medida en que se vigorice entre nosotros el compromiso con la misión universal, es una invitación más a “ir por todo el mundo” (Mc. 16,15) según el mandato del Señor Resucitado.

Papel de los Institutos misioneros desde América Latina

Si toda la iglesia está llamada a ser misionera, ¿qué va a pasar con los institutos misioneros?, ¿habrán perdido la razón de ser?; ¿ se deben despojar de aquello que creían era su propio carisma?; ¿deberán considerarse desplazados frente a su valioso historial misionero?

En manera alguna. Ha llegado la hora en que os Institutos Misioneros realicen una reflexión seria y serena, en orden a redescubrir su identidad, de cara a las nuevas situaciones creadas por la eclesiología y el sentido de la misión a la luz de los últimos documentos eclesiales.

Algunas pistas para la reflexión:

Será punto de partida la convicción de los Institutos Misioneros conservan en toda su plenitud su razón de ser y su campo específico de trabajo, fortalecido por el actual resurgimiento misionero.

Los Institutos Misioneros han de afirmar y potenciar su condición como avanzada eclesial en el campo específicamente misionero.

Deben sin embargo, recapacitar que histórica y apostólicamente han venido desempeñando un papel de suplencia total en la tarea del primer anuncio. Ante una iglesia que madura misioneramente, han de reconocer el lugar teológico que le corresponde a la Iglesia Particular, como responsable primordial de la misión hacia todas las naciones.

En estas condiciones, los Institutos Misioneros deben adoptar, como uno de sus quehaceres peculiares, motivar a las Iglesias particulares para que asuman el deber misionero, e impulsar apoyar y acompañar ese compromiso. Allí se expresa el liderazgo de los Institutos, sin descartar su propia acción como pioneros de la misión.

Corresponde además a los Institutos Misioneros, en su calidad de especialistas, ser los impulsadores de la reflexión teológica acerca de la inculturación de la fe y comprometerse en una acción de avanzada que libere a los Institutos de compromisos con la pastoral de conservación para dedicar sus efectivos al trabajo del primer anuncio.

Deben así mismo, poner sus estructuras y medios operativos al servicio de todas aquellas instancias eclesiales que se comprometan con la misión Ad Gentes.

En las diversas actividades, pero muy especialmente en el campo de la promoción vocacional, deben cambiar aquellos sistemas que dan la impresión de capillismo, por actitudes abiertas, universalistas.

Evitar todo paternalismo entre los objetivos de los Institutos y los proyectos de la jerarquía. A todos nos debe animar el ideal único de ser operarios del Reino: “Un solo rebaño bajo un solo Pastor”.

Es apenas lógico que desde un concepto de misión y desde el papel asumido por cada iglesia particular y ante el nuevo perfil de los llamados Institutos Misioneros, la Sagrada Congregación para la Evangelización de los Pueblos descubrirá una nueva tarea que le es propia, a saber:

La animación de las iniciativas de todas las Iglesias particulares y un apoyo logístico efectivo a dichos proyectos y facilitar el envío misionero de sacerdotes diocesanos a la misión universal.