El despertar misionero de América Latina

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El despertar misionero de América Latina

Desde 1924 toda Colombia comienza a contagiarse de la preocupación  misionera del joven obispo de Santa Rosa de Osos. El efecto inmediato de su celo es la fundación de un seminario de misiones que habría de preparar evangelizadores para el mundo entero.

Monseñor Builes explica entonces a Colombia por radio y prensa, en sus pastorales, en sus cartas y durante sus visitas a muchas regiones del país, que nuestra Iglesia debe y puede compartir su fe con otras regiones del mundo.

El 29 de junio de 1927, día de San Pedro y San Pablo, Mons. Builes firmó el decreto de fundación del Seminario de Misiones Extranjeras.

Había necesidad ante todo de buscar una casa. Estudiadas las diversas posibilidades, se eligió una vieja posada de arrieros, situada en las afueras de Yarumal, en un sitio llamado Contento.

El obispo había venido haciendo pequeños ahorros, de acuerdo con sus capacidades y así compró una ruinosa casa, sin luz, sin agua y de piso de tierra.

El 3 de julio, día señalado para la apertura, habían llegado cinco aspirantes. Al respecto escribía el obispo Builes: “Para los que miden el éxito por el ardor que los anima, es dura la prueba esperar cien y recibir cinco. Pero, ¡Que importa! Si Dios hace siempre sus obras, complaciéndose en defraudar los cálculos humanos; y si no, ¿cómo podría brillar el poder de su mano?”.

Y así empezó la vida del Instituto de Misiones Extranjeras de Yarumal, marcada por el signo de la pobreza, la humildad y la sencillez. La casa se componía de una sala, dos cuartos, uno de ellos para los tres sacerdotes y el otro para los cinco alumnos, un pequeño comedor, una cocina y una pesebrera, en la cual antes alojaban sus mulas los arrieros y que, de ahora en adelante, será el lugar que mejores servicios prestará a la grey.

Hoy el IMEY envía misioneros a varios países de América, África y Asia y se preocupa por la animación misionera de las Iglesias de América Latina ayudándoles a descubrir su compromiso más allá de las fronteras.

El Seminario de Misiones  Extranjeras de México

En 1939 Mons. Miguel Ángel Builes visitó en la noche del primero de julio el Colegio Pio Latinoamericano en Roma. Iba a solicitar unas becas para sus Misioneros de Yarumal y con tal motivo habló a los estudiantes, dándoles a conocer la obra del Seminario de Misiones de Yarumal.

Entre los alumnos se encontraban tres mexicanos. El diácono Enrique Mejía, líder del movimiento misionero de su país, y los jóvenes Carlos Quintero y Enrique Salazar. Estos jóvenes, campo abonado para la buena siembra se preguntaron ante el obispo visitante: ¿Por qué Colombia  tiene un seminario de misiones extranjeras y México no?. La semilla empezó a germinar en el espíritu del joven Mejía y en su mente nació la idea de un Seminario de Misiones para su patria.

En 1940 se realizó en el Pio Latino un congreso de misiones presidido por el Cardenal Prefecto de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide, con ponentes como Mons. Juan de Unzula. El fervor misionero de eos días y las palabras de Mons. Builes que seguían sonando en aquellos jóvenes, los motivaron haca una gran decisión.

En la fiesta del Sagrado Corazón se dirigieron a la iglesia de Gesu y ante el brazo de San Francisco Javier que allí reposa, juraron trabajar porque en su patria se fundara un seminario de misiones. El juramento fue redactado y firmado por los tres.

El joven Mejía regresó a México y al celebrarse el Primer Congreso Nacional de Misiones en Guadalajara, fue el vocero que presentó la sugerencia que fue acogida con entusiasmo por el episcopado mexicano.

Mons. Ignacio Márquez, arzobispo de Puebla en ese entonces, encomendó al padre Mejía  redactar un folleto que explicara la idea, folleto que hizo suyo y publicó el Arzobispo. La idea continuó madurando y al celebrarse en la ciudad de Puebla, en 1947, el Segundo Congreso de Misiones, el padre Mejía explicó nuevamente el proyecto y pidió a los obispos que tomaran su cargo la realización de la obra.

El episcopado aceptó y empezó a dar pasos conducentes, confiando a los Misioneros de Maryknoll la formación de los futuros seminaristas, bajo la dirección de Mons. Escalante, antiguo vicario apostólico de Benin (Bolivia). Este prelado viajo a Yarumal en 1948 a conocer la organización del seminario allí fundad, sus reglamentos y constituciones. Todo lo cual sirvió de modelo para el establecimiento del Seminario Mexicano, inaugurado solemnemente el 7 de octubre de 1949, con la asistencia de la mayoría del episcopado, quien tomó bajo su protección la nueva empresa misionera.

Hoy el Seminario de Misiones Extranjeras de México a enviado misioneros al África, Japón, Corea, Hong Kong y a otros países.

El obispo Samuel Ruiz García

Mons. Samuel Ruiz García, obispo de San Cristóbal de las Casas (Chiapas, Mexico), fue designado en 1969 para suceder a Mons. Gerardo Valencia Cano en la presidencia del Departamento de Misiones del CELAM, cargo que ocupó hasta 1974. En la II Conferencia General del CELAM realizada en Medellín y posteriormente en su gestión del Departamento de Misiones, fue abanderado de la evangelización de los diversos pueblos del continente  con una visión universalista. Orientó la búsqueda en América de una Iglesia autóctona, encarnada en nuestras culturas.

Desde su diócesis de Chiapas, de numerosa población indígena, lideró una acción de Iglesia comprometida con una evangelización integral promoviendo y acompañando el desarrollo de los pueblos.

El Obispo Roger Aubry y el grupo de misionólogos latinoamericanos

El Obispo Roger Aubry, Vicario de Reyes, Bolivia, presidente del CELAM de 1975 a 1979 contribuyó enormemente en el desarrollo de la responsabilidad misionera de América Latina. Sus escritos jugaron un papel muy importante en la preparación de la III Conferencia Episcopal Latinoamericana realizada en Puebla. Allí se logró concretar el compromiso de la iglesia latinoamericana con la misión  “más allá de las fronteras” (P. 368).

En este avance ha sido de mucha importancia el esfuerzo  realizado por un grupo de misionólogos del continente. Este grupo integrado por el mismo Mons. Aubry, Segundo Galilea, José Marins, Gaetano Maiello, Juan Gorski, Luis Augusto Castro entre otros que contribuyeron enormemente en el desarrollo misionero de América Latina.